¿Nueva hegemonía o democratización cumplida? El sistema político mexicano después de las elecciones de 2018

A pocos meses de las elecciones del 1 de julio de 2018 y de la victoria de la coalición Juntos Haremos Historia liderada por Andrés Manuel López Obrador, el sistema político mexicano parece haber ingresado en una fase nueva que representa un interesante objeto de análisis desde la perspectiva la ciencia política. La baja competitividad de la contienda (53.1% de votos obtenidos por el candidato ganador con una ventaja del 30.9% sobre Anaya) marcaron un resultado claro y reconocido desde el inmediato por todas las fuerzas políticas, a diferencia de lo que sucedió en 2006 y en 2012. Morena se convirtió en la principal fuerza política siendo el partido más votado en las elecciones para la renovación del Congreso, alcanzando así la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y 58 de 129 integrantes del Senado de la República. A los datos nacionales se suman los resultados locales, donde Morena ganó 5 de las 9 gubernaturas renovadas en el proceso electoral 2018, alcanzó la mayoría absoluta en 8 congresos locales y se convirtió en la bancada de mayoría relativa en otros 9. En virtud de estos datos, varios analistas han definido a Morena como un nuevo partido hegemónico (Sartori, 1964): una hipótesis sugestiva que sin duda necesita ser validada en el largo plazo. Un elemento fundamental para validar dicha hipótesis consiste en observar a los partidos actualmente situados en la oposición. El comportamiento de PAN, PRI, PRD, Movimiento Ciudadano y Partido Verde se ha caracterizado, desde julio hasta la fecha, por una cantidad limitada de momentos unitarios y, en general, por estrategias competitivas, donde cada uno actúa con el objetivo de acaparar el 47% del electorado que no votó por López Obrador. Esta competencia sumada a la creación de nuevos partidos políticos (106 organizaciones han solicitado registrarse como partido ante el Instituto Nacional Electoral) parecen indicar un escenario distinto, de democratización cumplida, donde la democracia adquiere cada vez más el sentido de una competencia electoral (Schumpeter, 1942) abierta y competitiva en la que toda organización puede participar para ganar el acceso a los cargos públicos.

Andrea Bussoletti /Universidad de Guadalajara